Los Beatles en 40 canciones (I)

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Se ha estado hablando mucho últimamente acerca de los Beatles por todos lados, y he de reconocer que, incluso en un fan incondicional como yo, esto ha provocado un cierto sentimiento de saturación y empacho. Por un lado, un conocido periódico generalista ha lanzado la colección remasterizada de todos sus discos; por otro, las gafas ensangrentadas que Lennon llevaba el día de su asesinato, han sido expuestas por Yoko Ono en twitter hace algunos meses en el aniversario de su muerte; y por último (y como siempre), los supuestos rockeros intelectuales españoles han opinado sobre sus obras y sus canciones favoritas con el objetivo de ilustrar al personal mientras se limitan a sacar sus recopilatorios de turno cada dos años, esos que testimonian lo poco o nada que se les ha pegado del enorme manantial compositivo que fueron los de Liverpool. De los anuncios que se suceden temporada tras temporada, con una banda sonora similar a un covers de los escarabajos, mejor no hablamos. Decepcionante y repetitivo.
En cierto modo me encabrono y me hierve la sangre porque, aparte de ser la gallina de los huevos de oro más rentable de la historia contemporánea de la música, los Fab Four le caen simpáticos a todo el mundo; y lo sé, sé que es una rabia poco sana y explicable sí, pero muchas personas de gustos más rebuscados caen en el desprecio inicial por eso mismo. Es algo parecido a lo que ha pasado con el torrente Breaking Bad, una serie magnífica que no empecé a ver por el boca a boca sino por casualidad (igual que no comencé a escuchar a los de Liverpool por una recomendación sino porque en la transición entre mi infancia y mi adolescencia me fue regalado el One, un recopilatorio de veintipico hits, con las tapas rojas y un número 1 en amarillo). Y es que, tanto la serie de Gillian como el cuarteto británico se tocan en dos aspectos importantes que pueden motivar el susodicho recelo: a) son arte de masas (y por eso siempre criticables) y b) son buenos. Quizás los mejores en su terreno. Alguna vez se puede dar el milagro… ¿no?
Sirva este largo excursus para presentar una primera entrega de veinte singles que trate de analizar la etapa inicial del grupo. Aquella que va desde finales de los 50 (su etapa alemana en Hamburgo) hasta la aparición del Revolver en el 66, cuando comenzaron a hacer lo que les apetecía de verdad, dejando de tocar en directo, entre otras cosas, por cansancio, operativa y colapsos urbanos. Es una mitad menos McCartney y más Lennon. Una tendencia que cambió a partir del citado 66, cuando la impronta del segundo empezó a mostrarse más difusa al vivir bajo la influencia de ciertos vicios que empaparon algunas de sus canciones maestras pero que le robaron, a la vez, muchas de las fuerzas necesarias para ser el líder que era. Una situación que aprovechó McCartney para coger las riendas del concepto creativo y melódico de la banda, mientras que Harrison hacía caer su máscara para demostrar que era un enorme compositor al que nunca le habían permitido asomar la cabeza por encima de la mesa de la que caían las sobras que dejaba el monstruoso tándem.
Pero eso es otra historia. Hoy me quedo con una primera mitad poblada por unos temas elegidos desde la intuición y la pasión, muy poco habituales en listas de radiofórmula. Y es que hubo una época de botines brillantes, coches forrados y neumáticas mujeres con curvas de infarto en la que la radio era auténtica. Nada que ver con lo que ahora sufrimos. Ahí van:
IN THE SPITE OF ALL THE DANGER (1958)
Paul McCartney no pensaba que George Harrison, un imberbe chaval de 16 años, tocara mejor que él la guitarra (de hecho nunca lo creyó, ni de la guitarra ni de ningún otro instrumento a lo largo de la trayectoria de los Beatles), pero fue el argumento que usó para que Lennon le aceptara en el grupo, pues la formación necesitaba otra cuerda y adquirirla, en tiempos de posguerra, no era nada fácil. Así que Harrison entró a la formación bajo la sombra de un McCartney que vio en él una personalidad débil y tímida, incapaz de hundir su incipiente ego.
Ambos, Paul y George, compusieron esta canción. Posteriormente, Macca dejaría su guitarra por necesidades de formación y se compraría su característico Hoffner por cuatro perras. Lennon no lo aprobaba, mas acabó cediendo. Por aquel entonces era el líder del conjunto y algo parecido a un delincuente juvenil con tupé y pantalones pitillo. Su madre murió en julio del 58 y el chaval estaba insoportable.
Ni siquiera se habían formado como los Beatles, aún eran The Quarrymen: McCartney, Lennon, Harrison, el pianista John Lowe y el bajista Colin Hanton. Sonido country, coros notables y una clara influencia de artistas como Buddy Holly, Johnny Cash, Ray Charles, Del Shannon, Fats Domino y el recién ascendido Elvis. Es una de las primeras composiciones registradas de la banda.
MY BONNIE (1961)
El primer disco serio que grabaron como The Beatles, pero sin Ringo Starr (Pete Best estuvo en la formación hasta mediados del 62), fue acompañando al famoso cantante Tony Sheridan. Brian Epstein ya se había convertido en su manager y estaba decidido a hacer de ellos un gran grupo, cambiando su estética y modificando y purgando sus malos modales, adicciones, vandalismo y ética.
En la ciudad alemana se formaron de verdad. Se hicieron hombres. Tocaban durante horas ante un público poco exigente aunque enérgico, devastado por la II Guerra Mundial. Pasaron frío, hambre y sed, y dormían en cualquier sitio bajo techo. Allí versionaban a Elvis, Chuck Berry, Little Richard, Gene Vincent y toda la escena americana de los 50. Hacían el ruido que podían bajo los efectos de las anfetaminas que los camareros de los pubs les proporcionaban. La introducción a lo Elvis y el posterior ritmo, perfectamente sincronizado, contrasta con una letra que los marineros de Hamburgo tomaron como un himno popular. Una especie de Whisky in the Jar a la alemana.
CRY FOR A SHADOW (1961)
Sólo existen dos piezas instrumentales en toda la discografía de los Beatles, ésta y Flying, un viaje psicodélico del Magical Mystery Tour. La obra fue grabada por Harrison y Lennon en los descansos del citado disco producido por Sheridan en la etapa alemana. Es una canción con una guitarra limpia y mucha influencia del surf californiano, posteriormente adulterado por la Brit Invasion y por gente como The Who, The Kinks, Rolling Stones, Small Faces o Byrds.
A los Beatles les encantaban por aquella época los Shadows y éste es su pequeño homenaje. Muy en la línea de bandas como los Ventures, o de solistas como Sandy Nelson o Arthur Smith.
Siempre tuvieron influencias e intercambios con los Beach Boys, el gran conjunto de surf pop americano de los 60, hasta el punto de que el Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band es una reacción de McCartney al maravilloso Pet Sounds, un disco que siempre le fascinó. Se pueden escuchar algunos gritos de fondo de la toma grabada en directo que demuestra la energía del grupo en aquellos años de excesos.
CRYING, WAITING, HOPING (1963)
Buddy Holly supuso una increíble influencia en los cuatro Beatles, pero sobre todo en John Lennon. Las cálidas voces de ambos se rozan. John aprendió a cantar y probablemente se interesó por la música en gran parte por Holly.
En el Beatles for Sale, ya en el 64 y siendo la banda más influyente del planeta, le versionan nuevamente con Words Of Love, aunque éste es el cover que más me gusta recordar. Harrison (que canta en esta ocasión) creció y pasó su infancia escuchando a los Crickets, el grupo de Holly. Crickets se traduce como grillos y Beatles es una deformación de beetles, cucarachas.
Un 3 de febrero de 1959 Holly fallecía en un accidente aéreo con 22 años. Junto a él iban Richie Valens, de 17, y The Big Bopper, de 28. El aniversario se bautizó como ‘El día que la música murió’, y Don McLean hizo su particular mención en el single American Pie. En la película La Bamba, que narra la vida y muerte de Valens, aparece esta canción en un concierto. Holly fue sin duda alguna el mayor talento compositivo de los 50. Nadie sabe dónde podría haber llegado de no haber desaparecido tan joven. Bajo mi punto de vista inventó el pop y el single tal y como lo conocemos hoy en día. Los primeros años de los Beatles (58-65) son también suyos tanto musical como estéticamente.
THERE´S A PLACE (1963)
A partir de su primera entrega como The Beatles, el Please Please Me, la magnífica dupla Lennon/McCArtney comenzó a componer a un ritmo descomunal. Este disco supuso su introducción en el mercado musical mundial y varios números uno en las listas de éxitos.
La canción siempre me encantó: es fresca, se adivina una interesante línea de bajo y posee unos coros excelentes de octavas alternas. Dura menos de dos minutos y resume los primeros años del grupo. El tema, ambiguo: la mente. El lugar que todos alguna vez necesitamos y al que acudimos cuando es necesaria la relajación.
En el plano temático y estilístico la sonoridad es muy Motown, con tintes de música negra. Energía inicial de algo muy grande que acaba de nacer.
BABY IT´S YOU (1963)
Ahí está el tono cálido y nasal de Lennon. Un cover cuya original escribió Burt Bacharach. Formidable, emotivo, tierno y visceral. Las influencias del Doo Wop y el mejor soul de los 50 se ven claramente en coros y voz.
Solían tocarla en directo entre el 61 y el 63 como una balada comodín de los conciertos. Anteriormente The Shirelles la habían hecho mundialmente conocida. Me recuerda a This Boy, del A hard day´s night, y a Mr. Moonlight, del Beatles for Sale. Un Lennon que en los primeros años desarrolló, aparte de un carácter rockero y rebelde, una faceta de vocalista melódico que derivó en baladas psicodélicas según avanzaba la década y de la que terminó renegando en varias entrevistas concedidas en la década de los 70 con el grupo ya separado.
THANK YOU GIRL (1963)
Cara B del single From Me to You. No está en ningún disco, como tampoco lo están Day Tripper ni Hey Jude. Obviando la música independiente, la ‘fórmula single’ de este trabajo ya casi no se usa.
El dueto McCartney/Lennon vuelve a lucirse: armónica, coros y frescura en la letra y en la línea de bajo. Se quiso ver como una canción de reconocimiento a las fans que en la época inicial de la banda colapsaban todo lugar y escenario que pisaban. Otros la han visto como un canto de gratitud a las, por aquel entonces, novias de los músicos que las fans se apropiaron como himno adolescente.
La armónica fue esencial hasta el 65, luego desapareció para siempre como instrumento solista salvo en alguna excepción como en el White Album. El instrumento es probablemente una influencia de Bob Dylan, el artista que introdujo a Lennon en el consumo de la hierba a principios de la década y cuya experiencia le ayudó a componer Help.
HOLD ME TIGHT (1963)
Ésta es una de las primeras composiciones de McCartney en la que Lennon contribuyó con algunas estrofas y coros. Registros agudos y amor adolescente para un buen ejercicio de comienzos de los 60 que fue incluido en el With The Beatles del 63.
La autoría Lennon/McCartney trajo bastantes problemas y un juicio al separarse el grupo en el 70. Paul reclamaba que en las canciones en las que tuviera más protagonismo que John se pusiera primero su apellido. Las complicaciones vivieron en parte por Yoko Ono. Lennon nunca llevó la contabilidad ni los asuntos legales de sus derechos. En esta versión se pueden escuchar las palmas de los cuatro músicos de fondo, las cuales dan un toque de desenfado a la melodía.
I WANNA BE YOUR MAN (1963)
Pese a lo que mucha gente piensa, Beatles y Stones nunca se llevaron mal. Para mí la comparación es odiosa, si bien nunca podré equiparar la inteligencia de los de Liverpool a la linealidad de los Rolling.
En una pequeña crisis compositiva de estos últimos en el inicio de su carrera, McCartney y Lennon escribieron esta canción para sus colegas y se la regalaron. Su versión, más contundente y con menos coros, fue uno de los primeros éxitos de los londinenses. Para los Beatles no fue más que una cara B cantada por Ringo Starr. De hecho Lennon llegó a declarar en 1980 que ‘su objetivo no era el de regalar a la competencia nada genial’. George Martin se sienta al Hammond en esta ocasión.
LITTLE CHILD (1963)
Una de las primeras composiciones hechas a medias entre Lennon y McCartney quien, en esta ocasión, toca el piano como lo haría posteriormente de forma más habitual.
La canción suena bastante a directo, aunque se tardó en grabar varias horas. Lennon no terminaba de acoplar el suspiro de ‘I´m so sad and lonely…’ y el enlace entre el piano, la armónica y la batería se complicó sobre la marcha. Estaba pensada para que la cantara Ringo pero al final no llegó al tono y se desechó la idea.
ANY TIME AT ALL (1964)
A Hard´s day Night supuso el primer álbum de los Beatles sin versiones. La primera melodía, It Won´t be long, y ésta tienen un par de acordes comunes, ya que Lennon las compuso casi a la vez.
Este tema es John en estado puro, y uno de mis favoritos del disco por fuerte, brillante y desgarrado a ratos. Se puede decir que a partir de este trabajo y del éxito de la película los Beatles pasaron a ser el mayor fenómeno musical del planeta. En apenas cuatro años habían dejado de tocar 8 horas seguidas en clubes de carretera y en pubs medio vacíos y decrépitos para realizar conciertos cerrados, programados y estudiados de 25 minutos y de poco más de 8 canciones.
Que ellos mismos escucharan lo que tocaban en el escenario era muy complicado. Comprender esto y adquirir una personalidad adulta fueron dos de las razones por las que desecharon hacer más conciertos.
I´M HAPPY JUST TO DANCE WITH YOU (1964)
En los primeros años el papel de Harrison era secundario. Eclipsado por el inagotable talento compositivo de la dupla Lennon/McCartney, su tímido carácter no era una ayuda a la hora de levantar la voz en un grupo tocado por la gracia. Así, tuvieron que pasar algunos años para que adquiriera mayor protagonismo y sensibilidad. Fue en el 66, con el maravilloso Taxman que abre el Revolver, cuando el genial músico empezó a reclamar su sitio en la banda.
I´m Happy Just to Dance With You no es otra cosa que una pieza escrita por John y Paul para que George apareciera cantando en la película en algún momento. Las canciones en las que cantan George o Ringo tienen texturas diferentes en los coros y mayor riqueza vocal.
I´LL FOLLOW THE SUN (1964)
La portada del Beatles For Sale es un retrato de los 4 Beatles en tonos rojizos y con la expresión muy cansada. Su ritmo de producción de más de un disco al año estaba acabando con ellos, y las giras de punta a punta del planeta no les ayudaban a recuperarse. La película y el A Hard Day´s Night anterior determinaron que este trabajo fuera un cajón de sastre.
Se volvían a incluir covers (Kansas City… o Mr. Moonlight) y la calma que los cuatro necesitaban propició, por un lado, la creación de composiciones propias en las que, por primera vez, se contaban verdaderas historias con un desenlace y un nudo argumental (No Reply); y por otro, la necesidad de incluir canciones antiguamente rechazadas o descartadas como ésta.
Paul compuso este tema en el 59 en Liverpool, pero en la época alemana no pegaba mucho con el rock salvaje que acostumbraban a practicar, por lo que finalmente lo incluyeron aquí. Es el claro ejemplo de balada acústica de McCartney que anticipa Yesterday. Suele tocarla en directo hoy en día en prácticamente todos sus conciertos.
I DON´T WANNA SPOIL THE PARTY (1964)
Nos ha pasado a todos: estamos en una fiesta, un poco hartos de whisky, miramos el fondo del vaso medio vacío y vemos a una chica que nos gusta. Sin embargo, ella no nos hace caso. Mejor una retirada a tiempo que reventar el divertimento, ¿no creéis? Pues de esto trata esta canción. Un single directo y sencillo que narra una historia muy común. Y es que quizás los Beatles conectaron con el gran público precisamente por esto, por deberse al pueblo del cual procedían y al cual contaban con ligereza una serie de historias cotidianas.
Musicalmente es un sentido homenaje al country en texturas, instrumentación y voces, que repite algunas estrofas pero que desarrolla con verdadero acierto el in crescendo de su trama. Tiene una cierta influencia del gran Johnny Cash, así como de Hank Williams y de Roy Orbison, telonero de la banda en sus periplos americanos iniciales y uno de los primeros artistas que se empeñó en llevar a los Beatles más allá del charco.
I´M DOWN (1965)
Escrita por McCartney casi en su totalidad, estaba pensada para ser una cara B del Help, aunque finalmente no entró, quizás por considerarse demasiado dura. Es famosa la interpretación de esta canción en el Shea Stadium el 15 de agosto de 1965 con un Lennon eufórico tocando el teclado con el codo y disfrutando a carcajadas con Harrison en el escenario.
La idea de Paul era rendir tributo a Little Richard, uno de sus ídolos, con su registro de lo más roto y rockero. Quizás sea una de las creaciones más enérgicas del cuarteto, ideal para los directos y los últimos años de conciertos.
Paul siempre tuvo un lado muy melódico y acústico, como anteriormente hemos señalado, y otro más salvaje que se revela desde el inicio del Please, Please Me, con I Saw Her Standing There, hasta la pre-heavy Helter Skelter, a la que nos referiremos en la segunda parte de este artículo.
TELL ME WHAT YOU SEE (1965)
Help! vio la luz en el 65 y supuso la segunda película de los Beatles con canciones de la cara A del disco. Bajo mi punto de vista la cinta está mejor desarrollada que A Hard day´s Night, algo más infantil, previsible y forzada. Destaca la introducción de un toque cómico en el argumento aunque, a decir verdad, está muy lejos de ser una gran obra con un hilo argumental y un desenlace medianamente interesantes.
Tell me What You See fue pensada como la banda sonora de la película, pero luego se quedó en una cara B. Es la típica composición a medias entre Lennon y McCartney en su etapa más creativa. George toca el güiro, un instrumento sudamericano adquirido en alguna de sus giras por el nuevo continente.
I´VE JUST SEEN A FACE (1965)
Hay un nombre poco conocido que inspiró la mayor parte de baladas de McCartney hasta el 68: Jane Asher. La, por aquel entonces, discreta novia de McCartney también sirvió de inspiración en esta obra de toques sureños y ritmos country.
Es como si Crosby, Still y Nash hubieran cruzado el charco para contar sus más íntimos secretos de inspiración y composición a Paul. Me encanta el arpegio inicial, la letra, el optimismo y la sensibilidad. Es un trabajo que McCartney respeta mucho y que siempre ha tocado con Wings, su conjunto post-Beatle, del que también formó parte su otra esposa, Linda. Fue grabada el mismo día que Yesterday y I´m Down, de la que ya hemos hablado anteriormente. Un ejemplo de tres canciones completamente distintas que nos muestran a un músico total y polifacético.
THE WORD (1965)
Y llegamos al Rubber Soul, un disco sencillo pero muy elaborado, en el que apenas hay percusión, y en el que la guitarra acústica se alza como la protagonista absoluta junto a algunos atisbos de experimentación de la época más hippie del cuarteto. Rubber Soul es la llovizna que anticipa el aguacero, la suave brisa que predice el temporal y las pequeñas olas que anteceden al tsunami.
The Word es en su mayoría de Lennon, con aportaciones corales de McCartney y un inspirado Harrison al armonio (un instrumento de viento con teclado). Muestra una letra ambigua en la que la banda se refiere, casi por primera vez en su carrera, al amor como concepto asociado a una palabra y no de una forma directa. La Palabra, con mayúsculas. El ritmo Motown nos conecta con una temática casi religiosa al referirse a la palabra como acto de fe. También nos invita a la imitación: ‘you´ll be free… be like me…
I´M LOOKING THROUGH YOU (1965)
Rubber Soul es una obra maestra de coros, guitarras acústicas y sencillez. Ringo, para ser sinceros, tuvo poco trabajo en el disco. Probablemente en su simplicidad radique su éxito.
La canción de McCartney narra unas experiencias personales de desamor y sentimientos cruzados con Jane Asher. En el film Yo Soy Sam (2001) aparece una versión a cargo de los Wallflowers muy inferior a la original, en mi opinión, pero menos costosa para la producción pues incluir la de Paul habría supuesto una inversión de miles de dólares difícil de abordar.
McCartney siempre fue el más perfeccionista de los cuatro. A veces desesperaba al resto o se sentaba a la batería y levantaba del taburete al bueno de Ringo. Tardaron ‘solamente’ nueve horas en grabar la versión final…
RUN FOR YOUR LIFE (1965)
Magnifica aportación de Lennon al cierre del álbum. Una de las favoritas de Harrison que, no obstante, Lennon siempre odió por considerarla una copia inspirada en el Let´s Play House de Elvis. Fue muy propio de John renegar de muchas de las canciones que compuso en su época Beatle. En el libro del 71 Lennon Recuerda, de Jann Wenner, se evidencia esto en casi todas sus reflexiones acerca de su papel en el grupo.
El tema ha sido en varias ocasiones acusado de fomentar la violencia machista con frases como ‘Prefiero verte muerta que verte con otro hombre…’, sin embargo, el propio John siempre defendió que ‘vomitó’ la canción y que no pretendía ofender a nadie. El sonido limpio de guitarra es bastante rockabilly en punteos y armonías, y la voz nasal de Lennon tiene eso que sólo tienen algunas y que no se puede explicar: una capacidad inmensa de transmitir sentimientos.
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