Es un escándalo

Por Mariola Lorente Arroyo
A este país le gusta más una polémica que a un tonto un lápiz. Cuanto más trivial sea la polémica, mejor. Y si no existe, mejor todavía, ¡nos la inventamos! Como está pasando con el Asunto Raphael-Sonorama.

Raphael

Cuando la semana pasada se anunció que el festival de Aranda de Duero confirmaba a Raphael en su cartel, me escamé un poco. Sospeché con cierta preocupación que semejante incorporación pudiera interpretarse como una rizada de rizo bizarra y convertir al de Linares en un espécimen más de nuestros frikis patrios (vale que con el anuncio de la lotería se ha ganado a pulso una plaza en este Olimpo, pero ese no es el tema). Pronto comprobé que mis temores no eran infundados. Ya está el lío. Que si Raphael no es indie y por tanto ahí no pinta nada. Que si sí que lo es, en plan odiosa revisión postmoderna. La organización, por su parte, se desmarca alegando que ellos nunca se han proclamado indies y que de hecho su festival ha intentado siempre ser ecléctico, cosa que, en mi opinión dice bastante a su favor.
(Sobre todo teniendo en cuenta que hablar de indie español hoy en día no tiene sentido. Creo que el indie patrio solo existió durante los años 90 y primeros 2000, y nada tiene que ver con el batiburrillo de clones que hay ahora, que nada más que salen grupos y cantautoras calcados unos a otros y a espuertas, más sosos y convencionales que yo qué sé. El indie ha pasado a ser una sección más del insaciable catálogo de la música comercial, situándose en las antípodas de lo que originariamente caracterizaba a la música independiente o alternativa. Pero no me quería detener demasiado en esto, porque yo he venido a hablar de Raphael).
Si gustan las polémicas, no gustan menos las etiquetas. Y lo peor es que a la gente le encanta definirse por oposición, lo que delata una preocupante falta de confianza y hasta de conocimiento de qué sea eso “que se es”. Porque si te gusta una cosa, pues ya está, quédate con eso y disfrútalo, no es necesario rechazar todo lo demás para autoafirmarte en aquello que te va. “Como soy indie, no me gusta nosequé”, “si soy nosecuantitos, no me puede gustar nocesualitos”… Qué pueril.
Como cuando la trifulca porque Amaral actuaban en el Dcode. Más hordas de indies enfurecidos. ¿De verdad se piensan que es más comercial Amaral que LOL? ¿O que los archiconocidos Franz Ferdinand? Aparte, ¿qué pasa por “ser comercial”? ¿Qué es ser comercial? ¡Si todo es comercial! (Y por favor, que no se me acuse a mí ahora de mainstream, sin ser yo nada de eso). No pillo el indie-argumento contra los de Zaragoza. Además, por lo menos, la cantante de Amaral canta bien y hacen letras correctas. Pero por encima de todo, ¡qué más les dará! ¿Qué fue del lassez faire? Lo primero, en un festival, por mucho que sea solo de un día, no te da tiempo a ver absolutamente todos los conjuntos. Y lo segundo, yo creo que el que un puñado del cartel sean grupos que no conoces o no te entusiasman, forma parte de la idiosincrasia festivalera. ¡Eso es lo bonito! ¿Y las sorpresas que te llevas? Tengo muy gratas experiencias descubriendo grandes grupos en festivales que ahora me entusiasman.
El caso es quejarse. Chico, si quieres ir ve y si no, no, pero eso de acosar a la organización por llevar a Amaral, a Raphael, o a Perico el de los Palotes, me parece un disparate. No he querido leer mucho del tema porque me apetecía escribir estas líneas con la menor contaminación posible. Pero hubo un comentario de facebook que me sorprendió, de alguien que decía: “no llevo a Raphael en el mp3, ergo no soy indie” (el ergo es mío). Pues mira, yo, que paso del indie, hace años que llevo siempre algún melocotonazo raphaeliano en el móvil. Según su lógica, ¿me convierte eso en una especie de “super-indie”? Sandeces. Qué manía de reducir la música a cartelitos y definiciones.

foto151tm9

Lo que me da pena de este Asunto Raphael, conociendo la inquina, la estupidez y la ignorancia que dominan las RRSS, es lo que puedan hacer de él. Habrá quien se piense que meterle en un festival juvenil es una vuelta de tuerca estrambótica, que le llevan como fenómeno de circo y no como el artista que es, o incluso quien se lo tome como si fuese un Leonardo Dantés cualquiera y pretenda hacer mofa. No quisiera que se perdiera de vista el hecho de que Raphael, guste o no, es un cantante serio y respetable.
De pequeña yo también me reía de mi madre porque le gustaba Raphael y él mismo me parecía un poco payaso. Se conoce que a fuerza de oírlo se me fue metiendo poco a poco en el cerebro. Descubrí entusiasmada y sin prejuicios que algunas de sus canciones eran brutales. Auténticas descargas de energía y potencia. Cañonazos que exaltan el espíritu y te hacen sentir invencible. Raphael es fuerza. Es apretar puños, sacar pecho y volverse loco. La euforia que transmiten algunos de sus temazos, pocas veces la he sentido. Me da igual que no las escriba él, porque lo que las hace grandes es la interpretación. Su voz es de las mejores la mejor que ha dado nuestro país, y no creo que eso admita mucha disputa.
Que conste que no estoy defendiendo al Raphael actor ni mucho menos al Rafael persona (que deja bastantito que desear). Sí, fue el artista del franquismo, es histriónico, en ocasiones grotesco, cuando habla es ridículo y su cara y su pelo son rarunos. Pero no se trata de eso. Raphael se ha construido un avatar bien armado, un personaje tan abiertamente impostado y exagerado hasta el paroxismo, que es muy fácil separarlo de la persona. ¿Eso es bueno? Sí, porque cuando canta te puedes olvidar de lo tonto que es y centrarte solo en la voz.
Fui ganada para la causa raphaeliana tras verlo en directo dos veces. Vale, Raphael es enano, desagradable y feo, pese a lo que puedan gritar las señoras del público. También da un poco de grima. Pero es empezar a cantar y ¡pardiez! Aparece un auténtico monstruo en el escenario. Se hace enorme, su presencia se extiende hasta el infinito; no es que llene el escenario, es que el escenario desaparece y solo existe su voz. Y tú te quedas boquiabierta y con los pelos como escarpias y el corazón en un puño. Raphael en directo es una experiencia estratosférica. Emoción desbocada, ímpetu, pasión. Me da pena que no se le valore eso. Por pura ignorancia. Que se tenga que debatir si Raphael sí o si Raphael no, cuando el público del Sonorama debería estar eternamente agradecido a quien haya decidido contratarle… Los que se quejan de que vaya, no saben lo que dicen. Estoy segura de que va a cerrar unas cuantas bocas.
Raphael revolucionó la música en su momento, fue un radical y un innovador, un incomprendido que tuvo que soportar burlas, críticas y enemistades. El mil veces imitado pero inimitable. El adelantado a su tiempo. ¡Ay, si hubiese sido inglés y compartido escena con Bowie! Una vez más los españoles hacemos gala de nuestra miopía endogámica.
Menos mal que él, que es muy grande, esbozará una sonrisa burlona, hará un teatral requiebro y dirá… qué nos impoooortaaa…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s