El cine cobarde de la nueva década

FIRMAgasol
El estreno de Upstream Color ha suscitado los halagos de una parte de la crítica, teóricamente exigente, que glorifica lo lioso en nombre de lo valiente. Se trata de una realización que confunde el enigma con el misterio, que no se aclara entre lo hermoso y lo bonito, y que banaliza el montaje sincopado de Terrence Malick y el surrealismo sonoro de David Lynch. Ciertamente su visionado es una experiencia pero, ¿hay realmente poesía en sus imágenes o tan solo el simulacro de ésta? Las metas son arriesgadas mas, ¿se dirige su metraje con certeza hacia ellas? ¿Qué es Upstream Color, un film lírico u onírico?
Personalmente creo que un poco de cada cosa y un todo de ninguna de ellas. Su director elije situarse en una tierra de nadie que le ayude a evitar poner en crisis un relato al que, eso sí, le encasqueta sin vergüenza el disfraz del atrevimiento (sin duda, el gran mal del cine contemporáneo). Es como si tras la debacle económica el miedo hubiera colonizado el inconsciente de los creadores modernos de tal manera que sus proyectos sólo pueden crecer bajo capas formalmente llamativas aunque racionalmente bloqueadas. Como si les valiese simplemente con generar la ilusión del riesgo en lugar de vivirlo. De otro modo, ¿cómo se pueden explicar los últimos trabajos de Spike JonzeHarmony Korine Michael Haneke, auténticos catálogos del salmón vendido a precio de palometa?
Con el objetivo de destapar las trampas de estos impostores he decidido hacer una lista de once celebrados títulos que, al corto entender del que esto escribe, pertenecen a la dudosa categoría expuesta. Espero que les sirva, que despeje sus dudas o provoque su indignación. Que incite su movimiento, a fin de cuentas, que es justo lo que no hacen las cintas listadas.
SPRING BREAKERS
El punto de partida es interesante: ¿por qué las chicas Disney son unas guarras? Lástima que no haya luz sobre este interrogante durante una proyección con triunfos en lo particular, pero con bastantes decepciones en lo general. No puede ser que, con semejante argumento, no se vea ni una teta de estas casquivanas niñas, que no sufran vejaciones o que nadie las mee ni las vomite encima. Vamos, que Spring Breakers es supuestamente malota pero no hace ni cosquillas. Aparte, el espectador no sabe muy bien si está ante un film virtuoso (la escena del atraco al café) o tosco (el videoclip hortera con música de Britney Spears). Sea como sea, me hubiera gustado ver a Paul Verhoeven a los mandos de semejante material, y no a Harmony Korine.
LA VIDA DE ADELE
Una obra acerca de la actitud homo hecha por un hetero ignorante para heteros ignorantes ya convencidos. La vida de Adele nos presenta a una cría sin mácula, que baila canciones de diverso origen étnico con encanto y que lleva perfectamente bien su relación con alguien de otro estatus social. Kechiche dibuja así una Francia sin tensiones sociales, raciales o políticas, pinta de color esperanza las manifestaciones de estudiantes y relaciona el misterio del amor con la cabalgata del orgullo gay. Lo dicho, para el ya convencido.
BLUE JASMINE
Son muchos los que aseguran que es un Woody Allen plano. La pregunta es si el de Manhattan alguna vez no lo fue. El ‘genio’ neoyorkino es uno de los cineastas contemporáneos más sobrevalorados y, aunque su última película tiene algunas dosis de madurez que no habría que despreciar, el espectador se hallará (como casi siempre en su cine) en el palco VIP para visionar las miserias de unos personajes que jamás ponen el relato totalmente en cuarentena.
GRAVITY
Durante su proyección se le escaparán las gotitas a los amantes de la postproducción pero, ¿qué sentido tiene recrear la vida espacial si ésta no es capaz de emocionar? Tan solo hay tres escenas verdaderamente conmovedoras. Dos, tienen que ver con los efectos especiales (la metralla desprendida tras sendos choques entre estaciones); la otra la encontramos en el paseo que le da el pijo de las estrellas (Clooney) al pollo del hipermercado (Bullock) con el atardecer de fondo. El resto del metraje es una buena imitación de lo visto mil veces en los documentales y las noticias del espacio realzado, eso sí, con un 3D que nunca canta (que tiene su mérito, no digo que no). Sin embargo, personalmente hubiera preferido menos pericia técnica y más alma. Nos hubiéramos ahorrado una trascendencia de pandereta y, quizás, la protagonista habría sido creíble (¿qué agencia va a encomendar una dificultosa misión a una señora que no sabe hacer la ‘o’ con un canuto?).
LA GRAN BELLEZA
Es de las que más me gustan de esta lista, ya que tiene unos instantes de cine indiscutiblemente hipnóticos. Lo malo es que estos tampoco ocultan cierto vacío estético. Y es que lo nuevo del siempre discutido Paolo Sorrentino muestra una dependencia extrema de sus referentes (la exuberancia de Fellini, el transcendentalismo cristiano de Malick), lo que merma su supuesta originalidad. Además, su edición, pretendidamente sincopada, es más bien tosca y torpe. Una realización sobrevalorada, mas nunca despreciable (el flashback que remite al amor adolescente es imposible de olvidar).
THE MASTER
Diríase que lo último del responsable de Boogie Nights es una gran película fallida. Todo está muy bien hecho, ¡pero es tan granítico! The Master es un ejercicio interesante e inteligente aunque, a diferencia de Kubrick (referente siempre asumido), Paul Thomas Anderson jamás es capaz de derretir su duro envoltorio desde dentro.
HER
‘Hola, soy Spike Jonze y creo que unas escenas bonitas bañadas por la música de Arcade Fire es hacer gran cine’. Supongo que al pijo de moda no se le ha pasado nunca esto por la cabeza, pero es una frase que definiría su última obra a la perfección. Una relamida suma de ‘imágenes cupcake’ que encuentra su momento estelar cuando la pantalla se va a negro. Si esto no es aclaratorio de los problemas de la cinta, aquí van otros datos:
a) Lo que ocurre en el apartamento de Joaquin Phoenix es, en teoría, muy original. Sin embargo, está más visto que el tebeo.
b) Las transiciones musicales son, sencillamente, ruido. Todo es precioso pero nada significa. Y lo que es peor aún, son unas imágenes de naturaleza sensorial que, paradójicamente, están demasiado interesadas en narrar.
c) Ya que hablamos de narrar: Spike Jonze no sabe si quiere suspender el tiempo de su historia o hacerlo marchar hacia adelante. Es como si anhelara lograr lo que consiguió Greg Mottola en la primera hora de Adventureland. Lástima, no hay manera.
d) Es un trabajo que remite al Allen de Annie Hall y, como tal, jamás pone en crisis el relato. Por ejemplo, somos testigos de cómo un hombre tiene relaciones (o lo que sea) con un ordenador. Aceptamos pulpo como animal de compañía. Ahora, ¿nunca echa de menos el contacto físico? Si es así me gustaría saber por qué. ¿No habría sido provechoso para el film ver al protagonista irse de lumis para aliviarse? ¿Había miedo a perder el favor del público al verlo actuar de esa guisa? Por cierto, ¿qué pinta en todo esto Amy Adams? ¿Por qué no la usa el autor para agitar el ambiente sosegado?
Demasiadas preguntas sin respuesta. Se ve que es mucho más fácil coger la pistola y disparar ocho veces al aire que tratar de apuntar y hacer blanco. Si no, ¿cómo se explica el plano final? ¿Alguien sabe lo que significa? Está estéticamente cuidado pero, ¿más allá de eso hay algo?
El gran problema de Her (que no el único) no es que no sea capaz de arrojar luz sobre la interrogación que mueve su metraje (cómo está cambiando la inteligencia artificial nuestra existencia), sino que ni siquiera se esfuerza en hacerse a sí misma esta cuestión.
BESTIAS DEL SUR SALVAJE
Si, como hemos dicho, Spike Jonze intenta hacer pasar lo bonito por hermoso, el director de esta película (de cuyo nombre no quiero acordarme) busca vender la confusión como una mágica locura. La ocurrencia entonces pasa por ensuciar la estética impresionista malickiana para, en principio, hacernos viajar al universo enfurecido de una niña 100% hostiable. ¿El problema? Pues que como el algodón no engaña, la supuestamente hipnótica aventura del lenguaje se revela finalmente como la excusa perfecta de un inepto con pretensiones de poeta de la imagen.
EL CINE DE CHRISTOPHER NOLAN
En este caso el ruido audiovisual quiere ser tensión dramática. Nolan repite sin cesar el montaje paralelo bañado por música de chunta-chunta con la insana intención de hacerle creer al espectador que está ante el súmmum de lo dramático. Una vez, vale; dos veces, también; tres, incluso… pero toda una década así, no. El británico es, a todas luces, un incompetente cinematográfico cuya meta no es el gran cine, sino el simulacro del mismo. Por si alguien difiere, sus teorías están expuestas sin rubor alguno en El truco final. No, si jeta no le falta a este caballero oscuro.
AMOUR
Haneke embelesa. La filmografía de este enfant terrible se ha convertido en lo que él mismo criticaba hace años: un producto violento digerido felizmente por las masas. ¿Cuánto tiempo lleva el austriaco sin hacer algo que verdaderamente remueva conciencias? Como mínimo una década. Su último ‘prodigio’ se llama Amour, y es un drama de sobremesa que ve pasar el misterio del amor, del dolor y de la piedad de brazos cruzados para, eso sí, despreciarlos en un clímax de traca. Una ‘maravilla’ ganadora de la Palma de Oro en un Cannes en el que competía Holy Motors, auténtica y sentida elegía. ¡Qué dura es la vida a veces!
JOVEN Y BONITA
François Ozon. Otro chiquito sinvergüenza. Son muchas las cosas que podríamos echarle en cara a su nueva ‘conquista audiovisual’, pero quedémonos con su injustísima mirada al universo adolescente, al que señala como desmadrado en un mundo cargado de imágenes eróticas. Según el francés, la pornografía ha cambiado las actitudes de los más jóvenes. Y yo me pregunto: ‘¿Sólo las de los más jóvenes?’ Resulta muy fácil tirar con bala contra los que están demasiado verdes como para defenderse (¡qué patética la escena de la fiesta, todo un ignorante catálogo de las miserias de la actual adolescencia!). Por no hablar del trato que le da a su protagonista, constantemente cuestionada durante el metraje mientras que los que la rodean (padres, puteros, hermano…) se van de rositas. En fin. Que para entrar en este género a reflexionar sobre unos asuntos tan delicados hay que hacerlo con pies de plomo y no como un elefante en una chatarrería (ahí está la magnífica The Bling Ring para demostrarlo).
Como ven, no es oro todo lo que reluce en el audiovisual contemporáneo. Y sí, sé que es mejor tratar de quedarse con lo bueno que te ofrece una película en lugar de lo malo, pero resulta muy difícil cuando uno se siente estafado. ¿Cómo perdonar los errores para quedarte con lo positivo cuando crees que te han dado gato por liebre?
Por eso les entrego esta lista, para desvelar los engaños y reclamar a los autores indiscutiblemente personales y atrevidos. Por mi parte, desde luego, antes que anhelar el regreso de Christopher Nolan (su Interstellar llegará a finales del verano), prefiero exigir que a Paul Verhoeven le dejen filmar su peculiar mirada acerca de la vida de un tal Jesús de Nazaret, nacido de una mujer violada y convertido en una especie de radical del siglo I. Ése sí sería un valiente espectáculo digno de ser visto.
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