Susurros del sol naciente

FIRMAGGP
En esta época nuestra, en la que parece que toda la información que uno pueda imaginar esté dentro del cacharro luminoso que tienes delante, a golpe de clic, a segundos de distancia del cerebro, las formas de descubrimiento artístico e indagación nada tienen que ver con las de antaño.
Si hace, que sé yo, veinte años, uno iba a un museo y descubría allí un cuadro maravilloso, lo que hacía era mirar el nombre del artista y lo guardaba en su memoria o en un pedacito de papel, para más tarde consultar un libro en la biblioteca y, con suerte, poder contemplar allí alguna de sus otras obras.
Con la música ocurría lo mismo. Una posible situación de, pongamos, el año 1995, es que estuviéramos en casa de algún colegón y pusiera en su casete una cinta en la que sonara un tema de, pongamos, Terrorvision, desconocidos para nosotros hasta ese momento. En ese caso, si quisiéramos escuchar alguna otra canción de esta banda tendríamos que esperar. Esperar para conseguir que alguien nos copiara un álbum, esperar para ir a, pongamos, una tienda Tipo y rascarnos el bolsillo, o esperar para que alguna de las canciones apareciera en la televisión o la radio.
En definitiva, para descubrir había que ser paciente y echarle tiempo y empeño. Esto tenía sus pros y sus contras. Muchos piensan que aquello era más romántico, más especial. La mayor dificultad para conseguirlo hacía que aquel ansiado disco se disfrutara más. El esfuerzo mejoraba la experiencia de la escucha. Puede ser cierto, pero creo que serían pocos los que, en aquel momento, rechazaran la opción de tener al alcance de la mano prácticamente la totalidad de la música, el cine o la pintura.
Si hoy en día ese colegón pone en su casa lo último de, pongamos, Radiohead, y suponiendo que sean en ese momento desconocidos para nosotros, tenemos la opción de echar mano a un aparato que llevamos en el bolsillo y encontrar allí su discografía, su historia, sus videoclips, sus conciertos, la estatura de su bajista, los grupos que les han inspirado o los nombres de bandas similares.
Y aquí es donde quería llegar. Las bandas similares. Las nuevas tecnologías permiten ir dando saltos entre distintos conceptos relacionados, y estos saltos te pueden llevar a los lugares más insospechados. Es una práctica habitual de nuestros días la de ir enlazando grupos o estilos, a través de youtube, lastfm o spotify, descubriendo así nueva música.
Es como la clásica (y falsa) historia de que hubo un tiempo en que una ardilla podía cruzar toda España saltando de árbol en árbol, sin tocar nunca el suelo (o esa versión actualizada que dice que hoy esa ardilla podría cruzar el país saltando de gilipollas en gilipollas). De la misma manera, uno puede empezar una exploración musical con el frenético sonido electrónico de Vitalic e ir buceando por el océano musical hasta acabar en una orilla tan alejada como la de, por ejemplo, Emmylou Harris con su delicada voz.
Esta larga y quizás innecesaria introducción en la que, como la vivaracha ardilla, me he ido por las ramas, viene a cuento porque quiero compartir con los millones de lectores de El Hombre Blandengue mi último hallazgo musical. El público de El Hombre es un público muy leído y oído, y cabe la posibilidad de que lo que para mí ha sido algo nuevo sea algo de sobra conocido para él. En cualquier caso, lo cuento.
Me encontraba en una de esas indagaciones que te llevan de acá para allá y, no sé muy bien cómo, di con el pop porno japonés. O algo así.
Ante semejante concepto, me lancé a investigarlo más profundamente, y voy a narrar humildemente lo que he aprendido.
Durante los años 60, Japón no fue ajeno a la corriente del llamado cine de explotación, y surgió allí la variante conocida como pinku eiga, cine para adultos con altas dosis de violencia, acción y erotismo, protagonizado en general por bravas y sensuales mujeres.
En los 70, los dos estudios de cine más importantes del país, Toei y Nikkatsu, comenzaron a financiar estos filmes, que vivieron entonces su época dorada, con películas como Una mujer llamada Sada Abe (Nikkatsu, 1975) o Sex & Fury (Toei, 1973).
En todas estas cintas, que a su vez se clasificaban dentro de sub-géneros como pinky violence o roman porno (porno romántico), las estrellas eran jóvenes mujeres que se veían envueltas en historias de venganza, drogas, sexualidad, violencia y mafia, y que solían ser valientes heroínas, a menudo ligeras de ropa.
Sin entrar en más detalles sobre lo que es el género cinematográfico en sí, que daría para muchas líneas, el caso es que éste tuvo una consecuencia musical: el iroke kayokyoku, algo así como pop erótico.
Muchas de las estrellas del pinku eiga no se conformaron con estar delante de las cámaras y de vez en cuando se colocaron detrás de un micrófono, donde también afloraba todo el erotismo y la sensualidad que llevaban dentro.
Fue el sello Teichiku Records, hasta entonces especializado en el estilo enka, el que lanzó la mayor parte de estos álbumes, en cuyas bonitas portadas solía aparecer la actriz/cantante mostrando su desnudez. Ya en el siglo XXI, la discográfica Tiliqua Records ha reeditado muchas de estas joyas.
Con un toque asiático y un aire a Ennio Morricone, pero sobre todo bajo un elegante estilo con elementos del funk, del lounge, de la psicodelia, de la chanson francesa y de la música disco, la línea vocal solía incluir una serie de gemidos, susurros, gruñidos, risitas, suspiros, cuchicheos, sollozos, soplos, gimoteos, murmullos, arrullos, bisbiseos, acezos, ronroneos, balbuceos, ululatos, quejidos y toda la variedad de sonidos eróticos que uno pueda imaginar, capaces de ruborizar al menos ruborizable.
[Pausa para una anécdota. Durante mi labor de investigación para escribir este post, añadí algunas de las canciones del iroke kayokyoku a la playlist de mi teléfono móvil, con la mala suerte de que una tarde que me desplazaba en autobús escuchando a Reiko Ike, hice un desafortunado movimiento con el brazo que desenganchó los auriculares, dejando que de mi bolsillo comenzaran a brotar estos sonidos prohibidos, con la correspondiente humillación pública, ya que nuestra sociedad no está aun preparada para ver como del pantalón de un barbudo joven comienzan a surgir sensuales jadeos nipones.*]
Fue precisamente Reiko Ike la primera representante de este sugerente estilo con la que me topé. He aquí una muestra de su saber hacer:
Reiko grabó su primer y único disco, Kokotsu no sekai, en 1971, año en el que también debutó en la gran pantalla. Pronto se convirtió en una de las estrellas más destacadas del pinku eiga, con películas como Yasagure anego den: sôkatsu rinchi, en la que interpretaba a una chica que es secuestrada por error por una banda de traficantes que usan mujeres chinas para transportar droga ocultándola en sus vaginas. Esto recuerda bastante a algún director actual:
Poco después se supo que cuando Reiko Ike empezó a rodar solo tenía 16 años –en realidad no está claro si esto es cierto–, y el escándalo no hizo sino dar más publicidad a sus películas, que se convirtieron en grandes éxitos. Su vida es bastante misteriosa, y pronto se le perdió la pista. Fue detenida en varias ocasiones por asuntos relacionados con las drogas y el juego, y desde 1979 no volvió a aparecer en el cine.
En la descripción que acompaña al álbum se lee lo siguiente: “Su presencia erótica revolotea a través de multitud de modos erógenos no verbales –gemidos de placer extáticos, sofocados suspiros de excitación y gruñidos como los de una perra en celo”. Ahí es nada.
Los arreglos de este álbum fueron responsabilidad del músico Masami Kawahara, que un año antes había grabado otro disco de funky-porno-jazz llamado Ecstasy. El artista aseguraba en una entrevista incluida en la descripción del LP que no recordaba el nombre de la chica que aportó los efectos de sonido, pero apuntaba que debía ser tratada como un instrumento más, acariciado o tocado en el momento justo, cuando se requería un gemido. He aquí una muestra. Suave acompañamiento, azotes y lamentos:
Otra de las actrices más destacadas del cine erótico japonés de los 70 fue Naomi Tani, “la reina del sadomasoquismo”. Esto dice la wikipedia sobre ella: “Conocida por su destacable dedicación a su trabajo, Tani podría rodar incluso las más extremas escenas de sadomasoquismo sin quejarse”. Además, no iba a la playa e intentaba no broncearse, para así tener la piel lo más blanca posible y que en ciertas escenas pudiera verse como su cuerpo se tornaba en rojo después de recibir golpes o latigazos. Ella misma escribió esto en 1998: “El cuerpo desnudo de una mujer no debe ser visto solo como un objeto sensual, sino que también debe ser capaz de expresar emoción, así que lo hice lo mejor que pude para mantener el cuerpo de Naomi Tani lo más cerca posible de la condición adecuada”.
Naomi se retiró del cine en 1979, cuando su popularidad estaba en el punto más alto, alegando que no quería decepcionar a sus admiradores, que nadie se libra de envejecer, y que quería permanecer en la memoria de los espectadores como “una flor siempre radiante”. Para celebrarlo, grabó ese mismo año el álbum Modae no heya (habitación de agonía).
Se trata de un disco muy suave –a diferencia del estilo de sus películas– que prácticamente se basta con el acompañamiento del shamisen:
Tiliqua Records ha reeditado también el LP de 1976 Tokyo Emmanuelle Fujin-Amai Yoru no Tameiki, de Taguchi Kumi, actriz que desde 1975 había protagonizado exitosas cintas de roman porno de la casa Nikkatsu, como Tokyo Emmanuelle Fujin o Tokyo Deep Throat. El disco incluye varios de los temas aparecidos en sus películas, a los que ella misma aportaba su sugerente voz:
Probablemente la mayor rareza del género es el disco Girlfriend-Babydoll, de Petit M’amie (apodo de Mari Keiko). Según la web del sello Tiliqua, una copia original del álbum puede venderse por 2.000 dólares, y lo consideran el primer ejemplo de iroke kayokyoku –se lanzó en 1971–. En este caso, la portada del disco no presenta a la artista desnuda, y la voz suena más inocente y menos sexual, aunque, tal y como reza la web de la discográfica, “haría que incluso Reiko Ike se ruborizara”.
Y a modo de epílogo, una canción lésbica con una intrusa europea, la francesa Sandra Julien, una actriz erótica que participó en algunas películas japonesas junto a distintas actrices locales como Reiko Ike. Julien sacó un álbum llamado Sexy poem, que incluye este tema, interpretado junto a otra de las estrellas del pinku eiga, Miki Sugimoto. Cuidado con él, recomiendo auriculares o volumen bajo, si no queréis que los vecinos piensen lo que no es, aunque a estas alturas del post…
*Licencia poética

Fuentes:

http://sangreyakuza.blogspot.com.es/

http://www.culturamas.es/blog/2012/06/05/gemidos-en-vinilo-voces-del-cine-rosa-en-japon/

http://quomma.blogspot.com.es/2008_04_01_archive.html

http://www.tiliqua-records.com/

http://www.asia-team.net/

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